viernes, 11 de marzo de 2016

Capítulo IX: Niurka, la transformadora

- ¿Quién eres? – preguntó el capitán con voz ronca e imponente, cruzándose los brazos e irguiéndose para verse por sobre la chica.

- Niurka, la transformadora.

La chica era de rasgos toscos pero armónicos. Su cabello perfectamente negro estaba sujeto con un peine estilo asiático enganchado por debajo. Su piel, morena, contrastaba con su capa de piel que era perfectamente blanca. Tapaba por completo su cuerpo, sólo dejaba ver sus botas cuando daba algunos pasos, que eran negras brillantes similares a las de mujeres con clase. Hablaba con acento extraño, como si su idioma se hablara con una papa en la boca dándole un aroma gitanesco.

- Jamás escuché hablar de ti, Niurka la transformadora.

- Dudo que el capitán cuervo haya escuchado de alguien de tierra firme. Sobre todo de Usura. – Algunos hombres sorprendidos hablaban por lo bajo, Eliot levantó una ceja ante tal atrevimiento.

- Cuida tus palabras, bruja.

- Es usted quien debería tener cuidado. ¿No quiere mis aceites? – La mujer levantó una botella con aceite morado. Tenía un aspecto horrible. – Sólo hasta Drachenkel.

Los hombres miraron al capitán sorprendido. Al parecer no era normal que alguien le hablara de esa forma a Eliot. El capitán pareció examinar lo que le hablaba la mujer, así como su aspecto.

- Aceptaré sólo con una condición. – Eliot se acercó lentamente.

- No creo que esté hablando con la persona correcta para hablar de condiciones.

- No creo que esté en el lugar, ni con la gente para no aceptar.

Eliot sonrió macabramente, sus ojos se sombrearon y los hombres parecieron acercarse por un instante. La mujer tragó saliva, su rostro lucía igual de seguro que antes, pero su cuerpo pareció ponerse tenso y demostró su nerviosismo. Aferró el aceite con más fuerza.

- Cuál es la condición. – la mujer trataba de mantenerse estoica.

- Si nos atacan, usted nos coopera. – La joven lo miró con aires de grandeza, comenzó a abrir la boca pero Eliot la interrumpió – De no cooperar, debe tomar en cuenta que su vida también entra en juego. Después de todo, - el hombre pasó uno de sus dedos por la capa cerca del cuello – usted está en un barco pirata.

- Condición aceptada. – Dijo la chica algo asustada e incómoda. – Sin embargo, - interrumpió a Eliot que le había extendido la mano – la botella será entregada cuando llegue a mi destino.

- Vuelvan a sus posiciones. – Dijo Eliot con una sonrisa apática.
 Los hombres volvieron a sus lugares de trabajo, y Eliot dándole la espalda a Niurka se alejó.

- ¿Quién es ella? – preguntó Oliver a Khala cuando nadie podía escucharlos.

- Niurka, una conocida sanadora de Usura. No sé si es la mejor, pero Eliot mandó a llamarla a ella.

- Pero se ve bastante joven.

- Lo es. Creo que incluso es menor que nosotros.

Oliver estaba sorprendido. Esa chica era bastante joven y existía la posibilidad de que fuera menor a catorce años. No entendía como una chica de esa edad fuera una sanadora famosa, eso le hacía pensar a Oliver que había malgastado su vida hasta ahora.

- Espera. – Khala miró a Oliver quien la detuvo tomándole un brazo.

- Eliot dijo que no había escuchado hablar de ella. ¿Cómo es posible que la haya mandado a buscar?

- En realidad quería a la sanadora más conocida en Magiyakozhi, y llegamos a ella gracias a una anciana en el bar. Al parecer es nieta de alguna bruja famosa o algo.

- ¿Y dónde vamos ahora?

- A Drachenkel, capital y puerto principal de Mitgar. Debemos devolvernos unos kilómetros.

- ¿Dónde nos atacaron?

- Los barcos de castilla estaban más abajo, cerca de Qulu. Es probable que lleguemos por Mitgar, dudo que Eliot quiera devolverse otra vez.

- ¿Cuál es el último destino? Eliot nunca lo ha mencionado.

- Si lo ha hecho. Nunca contigo presente.

- ¿Y?

- Vamos a Vodace.

Khala frunció el ceño con una sonrisa. Le llamaba la atención que el chico tuviera tanto interés en los planes del capitán, pero le perturbaba que siempre fuera a ella a quién le preguntara las cosas.

El cielo comenzó a nublarse, como si una fuerte tormenta fuera a comenzar en pocos minutos.

- Pregúntale a Eliot que haremos en caso de tormenta. – preguntó Khala quien iba subiendo al mástil.

Oliver hizo caso y se encaminó al despacho del capitán. Cuando abrió la puerta, Camille iba con un par de botellas desde el subterráneo a su habitación, y saludó al muchacho con un movimiento de cabeza y una amistosa sonrisa. El chico se lo devolvió, pero siguió caminando sin prestarle mayor atención al inquilino.

- ¿Capitán?

- Pasa, Oliver. Dime.

- Khala dice que se aproxima una tormenta, ¿cómo procedemos? - Eliot se levantó de su escritorio y miró por la ventana.

- Que avance sólo hasta el primer pueblo. Ahí nos quedaremos una noche.

- Está bien.

- Oliver espera. – Oliver se detuvo ante la puerta por donde había pensado en salir. 
- Siéntate, por favor.  – el muchacho hizo caso.

El capitán se acercó a los sillones y se sentó junto a él.

- Nos devolveremos por donde vinimos.

- Khala ya me había comentado algo.

- Lo asumí, pero yo te lo estoy confirmando. ¿Sabes cuál es nuestro objetivo?

- Vodace.

- Así es. – El capitán juntó sus manos frente a su cara – Debes saber que es una tierra peligrosa, Oliver.

- Ya me lo había comentado.

- Necesito que ahora comiences a entrenar más duro, y te prepares para la guerra que pronto comenzará.

- ¿Guerra? ¿Planea pelear en una guerra?

- Es sólo figurativo. Pero con las personas a las que nos enfrentaremos, lo será por poco a una real.

Oliver lo miró con algo de miedo en sus ojos, pero el chico totalmente consciente que no podía dar paso atrás, y asumió las consecuencias.

- ¿Qué pasará con Niurka, capitán?

- Que duerma en el establo. Le pasa por desafiarme. – Oliver lo quedó mirando – Puedes retirarte.

El chico se levantó y se dirigió nuevamente a la borda para hablar con Khala. Brawl estaba hablando con Niurka, quien sonreía. La chica no parecía ser tan amenazadora como lo había sido con Eliot, de seguro lo había hecho para que no la bajaran del barco o la atacaran.

- ¿Cómo te fue? – Khala saltó de un mástil para caer al lado de Oliver.

- Dijo que paráramos en el siguiente pueblo y ahí pasáramos la noche.

- Está bien.

Ya había salido viento y el ambiente se había vuelto frío. Oliver comenzó a sentir frío y se decidió poner la capa que le había heredado su padre. Al momento de sostenerla con ambas manos antes de ponérsela, se dio cuenta que era bastante parecida a la que usaba Niurka. El muchacho se la posó en los hombros y se decidió por volver a la borda.

Cuando abrió la puerta, se dio cuenta que Niurka y Khala estaban apoyadas en los barriles al lado de la puerta. Niurka estaba sonriendo y Khala contando una anécdota del barco. La chica miró la capa de Oliver, lo miró a los ojos con el ceño fruncido y palideció.

- ¿Qué haces tú con eso? – Niurka se había levantado y parecía que le quería dar un golpe a Oliver.

- ¿A qué te refieres? – Oliver abrió inmensamente los ojos, Khala estaba estupefacta.

- ¿Cómo que a qué te refieres? – Niurka ahora estaba roja de ira – Esa capa no debe ser llevada por cualquiera.

- ¿La capa? – Oliver no entendía nada y no sabía que decir – Es de mi padre.

La chica se detuvo en seco y lo miró atentamente. Bajó su mano y no dejó de mirarlo con asco.

- ¿Tu padre era de Usura?

- No, de Avalon como yo.

- Un avalonés no tiene el honor para llevar esa capa.

La chica se acercó con la rabia plasmada en la cara y los puños cerrados. Oliver estaba desprotegido, su espada estaba en la habitación y ya había oído que aquella chica era una bruja, eso le aterraba.

De pronto y como si todo hubiera sido planeado, Rowen dio un fuerte graznido, voló donde estaba la cabeza de Niurka quien por suerte bajo la cabeza al verlo de reojo, y se posó en el hombro izquierdo de Oliver.

La chica lo miró extrañada. Khala más atrás no entendía la reacción de Niurka, quien estaba estupefacta.

- Chii… - Oliver la miró fijamente - ¿Cómo obtuviste eso? – Ahora lucía más calmada.

- Es cierto lo que decía, Niurka. – Khala se acercó y los trató de encaminar hasta el pasillo.

Khala abrió la puerta, y junto a Niurka y Oliver entraron al pasillo y se dirigieron a la habitación del chico.

- Pero…

- Aguarda. – interrumpió Khala mientras cerraba la puerta de la habitación.

Oliver estaba extrañado, y Niurka la miraba con el ceño fruncido. Cuando Khala se dio vuelta, miró a Oliver con vehemencia.

- ¿Quién te dio esa capa? – Khala parecía nerviosa.

- Fue mi padre, ya lo dije.

- ¿Cómo se llama tu padre? – Niurka.

- Edmund. – las chicas se quedaron quietas un momento examinando la información que recibían.

- Edmund de Avalon. – Niurka pensativa pasaba su dedo índice por el labio.

- ¿Lo conoces? – preguntó Oliver.

- Me suena conocido. – Oliver miraba sorprendido a la chica.

- No puedes haber conocido a mi padre.

- ¿Por qué lo dices? – Khala se sentó en la cama luego de decir eso.

- Peleó en la…

- En la batalla de Usura. – Niurka lo había interrumpido – Lo sé porque mis abuelos estuvieron ahí. Esa no es una simple capa de Usura.

- ¿Qué tienen de especial esas capas? – Khala parecía confundida.

- En Usura no muchos magos tienen la habilidad de transformarse en algo.

- ¿Algo así como transformarse en animal? – Khala parecía interesarse en el tema.

- Correcto.

- No sabía que conocías de estos temas, Khala. – a Oliver le hizo gracia.

- No eres el único que lee, idiota.  – dijo Khala mostrando el libro que el chico tenía en su cama.

- Usamos las pieles para evocar el alma del animal que sacrificamos, y nos transformamos en él.

Los chicos, Khala y Oliver, se miraron estupefactos. Jamás pensaron que Usura pudiera realizar ese tipo de encantamientos, pero Khala más que sorprendida se mostraba nerviosa.


- Lo más sorprendente, - Niurka trató de romper el hielo – es que mi abuelo siempre contó sobre un hombre llamado Edmund de Avalon le salvó la vida. – Oliver sorprendido, patidifuso sintió como el peso se le iba a las rodillas. Aquella chica tenía una historia familiar que se relacionaba de alguna u otra forma con ella. – Y en recompensa…mi abuelo le entregó su capa.

jueves, 10 de marzo de 2016

Capítulo VIII: El arribo a Magiyakozhi

La destrucción era bastante grande. Partes del barco había sido carcomida por el fuego y había que retirar bastantes tablas para repararlo, sin embargo, los tripulantes se limitaban a limpiar sacando sólo las partes quemadas.

- Buenos días, capitán – Saludó Oliver al entrar en la habitación de Eliot.

El hombre estaba tirado en su cama con el rostro pálido y totalmente adormecido. Las heridas no eran visibles pero se notaba que la batalla le había pasado la cuenta.

Camille estaba atendiéndolo dándole alguna especie de medicamento, y cuando vio que el chico entró, se despidió del capitán con una reverencia y saludo al muchacho por el hombro.

- ¿Cómo se siente?

- Mejor, gracias. – Eliot miraba al chico con ojos agradecidos. – Fuiste muy valiente anoche, pequeño. Admirable incluso su astucia.

- Gracias, señor. Tengo una duda.

Eliot miró al pequeño con una leve sonrisa como si supiera lo que le iba a preguntar.

- El barco fue dañado.

- Evidentemente…

- Pero no usted. – El silencio inundó la habitación – Sin embargo, usted sufrió las mismas dolencias que el barco.

- Muy astuto, muy astuto. No me equivoqué contigo.

- Usted y el barco son uno sólo.

- Así es, Oliver. Yo soy el barco. El Graznido Negro es mi corazón, y mi alma.
Oliver lo miró sin entender las palabras. No sabía si lo que decía el capitán debía ser interpretado de forma literal o figurativa.

- Lamento lo de la puerta. – Dijo Oliver recordando que la había atascado con la espada que Eliot le había dado.

- No te preocupes. De no haber sido por eso, los soldados de Castilla me hubieran atrapado.

- ¿De ahí eran?

- Así es. Viejos enemigos. Los reyes de Castilla y Vodace han ofrecido fortunas por mi cabeza.

- Debe ser difícil no poder navegar tranquilo.

- Al parecer descubrieron mi debilidad. Jamás la destrucción había sido tan grande.

- ¿Nos dirigíamos a Castilla?

- No. Nuestro Rumbo nos llevaba a Vodace por el mar de Qulu, pero al parecer no podremos ir por ese camino, y tendremos que darnos la vuelta por los mares congelados.

- ¿Por qué a Vodace?

- Hay asuntos que resolver en ese lugar. Ahora… - el capitán hizo un ademán hacia la puerta – te pido por favor que te retires. Deseo descansar.

- Por supuesto, capitán.

Oliver se levantó lentamente y se dirigió a la puerta para volver a su habitación. Al entrar se dio cuenta de que no tenía nada que hacer y era mejor subir a cubierta.

- Pensé que estarías con Eliot. – Khala colgaba de una de las lianas que caían de la vela.

- Eso estaba haciendo, pero quería descansar.

Oliver pareció ignorarla mirando al horizonte, y entonces Khala baja de los cielos para quedar en cuclillas al lado de Oliver mirando al mismo punto, pero ella sobre la baranda del barco.

- ¿Qué miras?

- Nada en especial. – Oliver frunció el ceño riendo débilmente.

- ¿Sabes a dónde vamos?

- No, y en realidad me gustaría saberlo.

- Vamos a Usura.

- ¿A qué vamos exactamente?

- Según Ignum a buscar unos ingredientes para la medicina de Eliot.

- ¿Ignum?

- Brawl Ignum. El tipo gigantón que lanza fuego por sus manos.

- Se quién es. – Oliver rió – ¿Sólo ahí venden la medicina?

- ¿Tienes cera en los oídos? Sólo iremos a buscar los ingredientes, Camille hará la poción rara esa.

Olive miró hacia adelante. Le pareció ver cómo un pequeño manto de tierra comenzaba a brotar desde el horizonte, apenas visible.

- ¡Tierra a la vista, guapos! – grito Khala cuando se dio cuenta.

Los hombres comenzaron a tomar sus puestos para estar listos para la orden.

- ¡Al parecer yo estaré a cargo, así que mucha atención! – Khala había subido a dónde estaba el timón y sacó su catalejo del pantalón.

- No te apures, Khala. – dijo el capitán poniendo una de sus manos al costado de su torso cual embarazada, mientras en su mano libre tenía su espada como bastón. – El capitán aún puede hacer su trabajo.

Varios miraron a Eliot sorprendidos por verlo de pié después de lo que había pasado. Subió por la escalera al lado de la puerta hasta llegar al timón, atravesó la espada por uno de los espacios, se apoyó con el codo, y extendió la mano para que la chica le entregara el catalejo.

- Gracias, Khala. – dijo Eliot con una amistosa sonrisa después de recibir el catalejo.

Oliver nunca se separó del capitán, siempre estuvo detrás de él por si algo le pasaba. Khala subió como al parecer era costumbre al mástil más alto para ver lo que tenía en barco a su alrededor. Los hombres comenzaron a elevar las velas, bajar en ancla y preparar las velas para descender del barco.

- Hemos llegado a Usura, señores. – Khala tosió con la intensión de que Eliot se diera cuenta que al menos ella era una niña. – Bueno, y señorita.

- ¿Podremos bajar todos? – preguntó un hombre cerca de la proa.

- Desafortunadamente no, Frank. Usura es una región peligrosa y lo mejor es que no seamos detectados.

- Bajará el equipo de siempre. – dijo esperando afirmación del capitán.

- Así es. Camille, Seth, Siechfrid, y Khala.

- ¿Por qué debo ir yo? – preguntó Camille hostigado.

- A la próxima podremos mandar a alguien más, pero por ahora…

- Yo podría ir capitán. – intervino Brawl.

- Brawl, no quiero parecer pesado, pero lamentablemente llamas mucho la atención. Si estuviéramos en Qulu o Kronia será todo más fácil, pero aquí…

- No se preocupe capitán, cuente conmigo. – dijo Camille para terminar con la discusión.

Por un momento Oliver pensó que Eliot lo elijaría a él, pero cuando Camille declinó su rechazo volvió a respirar como siempre.

Las cuatro personas se prepararon para bajar del bardo y dirigirse a la ciudad que tenían en frente. Khala sólo había sacado un bolso pequeño, seguramente para echar los ingredientes para comprarlos. Camille iba con un libro, pero a los otros dos Oliver nunca los había visto.

Uno de los individuos era de proporciones bastante normales y cabello rubio, se veía tonificado y sus rasgos eran duros y huesudos. Sus ojos eran grises profundos, como si guardaran una infinidad de secretos. El otro era más alto y de pelo oscuro y ojos verdes. No se veía tonificado, incluso llamaba la atención al lado del rubio porque tenía una pequeña panza que sobresalía de su camisa.

El grupo bajó en el bote lentamente hasta perderse por completo de la vista de los piratas, incluido Oliver. El capitán lo miró y sacó su espada.

- Sígueme.

El chico comenzó a seguir a Eliot, quien evidentemente iba a su despacho. Se sentó a duras penas en el sillón que daba la espalda al cuadro de Karylle.

- Espero sepas por qué no te envié hoy.

- ¿Perdón? – Oliver no entendía lo que le habían dicho. El muchacho nunca había expresado de ninguna forma que quería salir por un momento del barco, y dudaba que el capitán leyera la mente. Incluso para sí jamás lo había dicho ni pensado explícitamente.

- Eso, quiero que seas tú quien emprenda las misiones en tierra con el equipo, pero no partirás hoy.

- ¿Ese es el equipo para las misiones en tierra?

- No el definitivo. Camille está sólo porque es inteligente y hay veces en que Khala pierde el sentido práctico.

- ¿Y por qué quiere que yo baje a tierra para sus encargos?

- Porque estás empezando a entrenar con la espada, Oliver. En poco tiempo te podrás defender y eres una persona bastante astuta. Tienes pasta para eso.

- ¿Necesitaba algo, capitán? – Brawl había abierto levemente la puerta de la habitación.

- Si Brawl, ¿puedes seguir con el entrenamiento de Oliver? No me siento capaz de hacerlo por el día de hoy.

- Por supuesto, capitán.

- No le alcancé a preguntar algo al capitán. – dijo Oliver para sí cuando con Brawl se dirigían a bordo.

- ¿Qué necesitas saber? – la voz de Brawl sonaba profunda pero amigable.

- ¿Sólo esto es Usura?

- Como crees. – Brawl dejó escapar una leve risa. – Esto es Magiyakozhi, la ciudad de las brujas y sanadoras. Es sólo uno de los tantos puertos de Usura.

- ¿De ahí el peligro?

- Si, pero más que por ser una ciudad de brujas y hechiceros, es porque la tripulación ha tenido problemas con algunas brujas.

- ¿Si? – Oliver estaba sorprendido.

- Una vez un pirata de esta tripulación se enamoró de una bruja, y ella de él. – Brawl abrió la puerta pero dejó que Oliver pasara primero – El problema fue que cuando el hombre le dijo que debía dejarla para volver con la tripulación, lanzó horribles maldiciones para El Graznido Negro.

- No conocía la historia.

- Dudo que conozcas otra. – Brawl rió y el muchacho lo secundó.

El gigantesco hombre tenía razón, después de todo Oliver sólo llevaba un par de días en el barco.

Brawl y Oliver elevaron sus espadas y comenzaron a entrenar. Algunos hombres los mirabas, pero otros seguían jugando cartas o durmiendo. Así pasaron varias horas, hasta que Oliver habló luego de varias horas de estar escuchando los consejos de Brawl.

- Estoy cansado. – el muchacho se secó la frente.

- No te preocupes, Oliver, llevamos bastante entrenando. No hay problema si descansamos. – la voz de Brawl se escuchaba agitada.

- La gente está de vuelta. – dijo un pirata que miraba por la borda.

Los hombres comenzaron a aglomerarse en dirección de donde venía el bote con la gente que había ido a tierra firme. Brawl y Oliver permanecieron donde estaba.

- ¿Quién será? -  le oyeron decir a uno de los hombres, Oliver y Brawl se miraron extrañados y se acercaron a donde estaba la masa.

Ambos, y como la mayoría de la tripulación que miraba el bote, veían a una chica un poco más joven que Khala, que venía con los cuatro tripulantes que habían ido a tierra firme.

- No sé qué pensará el capitán con esto. – Brawl parecía preocupado.

- Yo le preguntaré.

Oliver tomó su espada y la llevó a su habitación.

- ¿Capitán? – Preguntó Oliver cuando abrió la puerta.

- ¿Si?


- Creo que debe ver algo.

domingo, 6 de marzo de 2016

Capitulo VII: El ataque en el bosque

La luna había salido al encuentro de los viajeros. Khala y Oliver estaban exhaustos por los kilómetros recorridos sobre la arena. Sus pisadas parecían una serpiente que aparecía más allá del horizonte por donde pocos hombres habían pasado sin prestarle atención.

Por sobre las dunas que tenían en frente comenzaron a ver una luz que envolvía una vasta masa de tierra. Khala aceleró el paso cuesta arriba por un montículo, y Oliver no quiso quedarse atrás.

- ¿Qué es eso?

Oliver estaba perplejo. Frente a ellos, imponente y de apariencia indestructible, se hallaba una inmensa capa de fuego. No venían donde comenzaba ni donde terminaba, y eso les producía cada vez más miedo. Todo estaba oscuro, apenas iluminado por la barrera de fuego que forraba el territorio.

- El anillo de juego del que te hablé. – Khala parecía rendirse.

- ¿Por qué?

- Es una larga historia. En realidad no lo sé muy bien, pero tengo entendido que la pusieron los Hoshing.

- ¿Por qué ellos? ¿Qué sacan con mantener cercado a Kronia?

- Hubo una guerra que duró ochenta años entre ambos países. Hoshing hizo un bloqueo a Kronia. Sólo los Ahl Jar se atreven a pasar.

- ¿Ahl Jar?

- Son traficantes de especias. Como no pueden tener comercio libre, algunos hombres arriesgan su vida pasando por el anillo de fuego.

- Pero con eso deberían morir. – Oliver estaba sorprendido.

- Algunos lo hacen, pero hay otros que buscan la forma de pasar. Cubrirse con agua, ropas contra fuego, artilugios varios. ¿Recuerdas al hombre que te llevó por el desierto? – Oliver asintió con la cabeza – Él era un Ahl Jar.

- Pero no parecía traficar nada.

- Probablemente tuvo problemas para atravesar el anillo. Pero lo que lo evidenció fue que te pidió algo a cambio.

- ¿Por qué?

- ¿No te das cuenta? – Khala se rio débilmente – Los Ahl Jar conocen a su gente y reconocen de forma fácil a los extranjeros. Fue una suerte que no te matara.

- ¿Y cómo piensas pasar?

- Eso estoy examinando.

Pasaron varios minutos contemplando el juego, como si esperaran que las llamas les dieran alguna respuesta. El calor era inmenso y el sudor comenzaba a brotar lentamente por sus poros. Khala se sentó en la arena, y Oliver la miró dudando un momento. Cuando el muchacho se sentó, su acompañante se levantó en un santiamén.

- Lo tengo.

- ¿Qué?

- Aléjate un poco.

Oliver obedeció. Evitó caminar sobre sus pisadas para evitar accidentes, y cuando se dio vuelta para mirar a su amiga, la chica estaba brillando, su pelo ondeaban con viento que parecía salir desde el piso, y su piel comenzó a cambiar de color.

La chica comenzó a aumentar grotescamente de tamaño, casi triplicó las proporciones. Su piel empezó a llenarse de escamas color marengo, sus ojos se tornaron amarillos y de forma similar a la de los reptiles, y le salieron gigantescas alas. Lo que tenía Oliver frente a él ya no era a Khala, si no que era un dragón de escamas brillantes y colmillos amenazadores.

- Guau… - dejó escapar Oliver por el asombro y Khala que ahora era un dragón acercó su cabeza a la arena y  abrió sus fauces. – Asumo no quieres que entre en tu boca. – Dijo Oliver con repugnancia, y el dragón exhaló aire levantando arena – ¿Eso es un sí? – El dragón hizo una especie de ronroneo – Está bien.

Oliver resignado entró en la boca del dragón, quien la cerró y se levantó lentamente.

- Te recomiendo enjuague con bicarbonato, Khala, Camille tiene bastante. – El dragón se limitó a expulsar vapor por la nariz y entre los dientes. – Sólo fue una sugerencia. – Oliver se escuchaba arrepentido.

Khala se acercó lentamente al aro de fuego, e introdujo delicadamente la punta de la nariz. Cuando comprobó que era inmune, se atrevió a pasar completamente a través de él.

- No sabía que tenías la habilidad de transformarte también en un dragón. – Dijo Oliver sorprendido después de que Khala volvió a su estado original. – Puedo transformarme en casi cualquier criatura, pero obviamente hay algunas que agotan demasiado.

Khala sudaba como si el esfuerzo hubiera sido sobrehumano. Secó su frente con la manga de su blusa y se levantó para comprobar el estado de su amigo. Oliver por otra parte, con cara de asco se sacaba la baba de dragón con las manos.

Cuando se repusieron, volvieron a emprender el viaje. Poco a poco la arena se hacía más gruesa y oscura. El frío del desierto nocturno desaparecía para dar paso al aire húmedo. Un aroma floral los abrazaba, y hojas comenzaban a verse a unos metros de distancia.

- ¿Estamos llegando a un bosque? – dijo Oliver sorprendido al ver un bosque tan cercano al desierto.

- Al parecer estamos arribando a Nachten

- ¿Nachten? ¿Qué es eso?

- Nachten, el bosque oscuro de Mitgar. Tan oscuro como peligroso.

- ¿Y entraremos ahí desarmados?

- Debemos ser sigilosos. Cuidado.

Khala se acercó a los primeros árboles y se puso sus manos para estar preparada para esconderse en caso de algún peligro inminente. Oliver la imitó y se posó al árbol frente a ella.

Comenzaron a abrirse camino por un improvisado sendero entre los árboles. Las hojas le prohibían a la luna iluminar las hojas en el piso, ni siquiera pequeños oasis de luz entre la negrura de Nachten.

- Estoy cansado. – dijo en voz baja Oliver después de vario kilómetros.

- Yo también. Será mejor que acampemos. No hemos sentido movimiento en varios metros.

- Ni siquiera animales.

- Quedémonos por acá, no sé cuánto resistiremos. No te muevas.

Khala se separó de Oliver sin rumbo conocido, y el muchacho buscó en el piso alguna rama que le sirviera. Encontró dos bastante largas y las enterró separadas por al menos metro y medio. Se acercó a un árbol y sacó un pedazo de corteza húmeda para construir una liana.

- ¿Qué haces? – Le preguntó Khala luego de volver de su travesía con leña seca entre sus brazos.

- Una liana. – Respondió Oliver.

- ¿Para qué?

Oliver omitió respuesta alguna. Cuando terminó luego de unos segundos de silencio, extendió la liana entre los palos que estaban ensartados en la tierra. Sobre el armazón, posó su capa formando una humilde carpa.

- Ingenioso. – Dijo Khala mirando la carpa del chico mientras formaba un círculo de piedras.

Los chicos armaron la fogata y ya tenían listo su campamento improvisado. Se sentaron frente al fuego en silencio.

- ¿Puedes hacer otra liana? – preguntó Khala con una sonrisa.

- Sí.

- Excelente, tengo una idea.

Khala se levantó y comenzó a buscar algo en el piso en la oscuridad, y Oliver se levantó para sacar otro pedazo de corteza para hacer una nueva liana. Cuando la tuvo lista, Khala lo tomó, lo ató a un extremo de un palo que había encontrado y se inmiscuyó en la obscuridad.

Oliver miraba el fuego de la fogata que lentamente se transformaba en la chimenea de su granja. El aroma al pastel de moras de tía Vianka lo embriagaba y le daban picazón en el estómago, como una ansiedad por morder lo más luego posible un trozo de ese hermoso pastel.

Tío Bruno estaba sentado a unos pasos más allá de donde estaba Oliver sobre la alfombra de lana, tocando el laúd con los ojos cerrados. La melodía lo llevaba lejos, y lo instaba a sacar su gaita.

- No te atrevas. – Le advirtió Khala tomándole la mano para evitar que sacara la gaita una vez que volvió su conciencia a la realidad.

- Lo siento…

- Traigo comida.

Khala traía una caña improvisada con cuatro pescados que aún movían sus branquias. Se sentó junto al chico, y comenzó a limpiarlos con su navaja de doble filo. Los pusieron en pequeñas ramitas y las clavaron en la arena cerca de la fogata.

- Lamento que no sea una cena decente como en el barco.

- No te preocupes, Khala. Valoro mucho que me hayas venido a buscar y ahora me estés alimentando.

- ¿Extrañas a tu familia? – Preguntó Khala luego de un silencio.

- Mucho. Hay muchas cosas que me recuerdan a ellos.

- Eres afortunado de tener familia.

Oliver miró a Khala. La chica estaba mirando al fuego abrazándose las rodillas. El chico estaba sentado con las piernas cruzadas, y comenzó a hacer dibujos con una ramita.

- ¿Qué sucedió con la tuya?

- No tengo familia.

- ¿Cómo?

- La tripulación es la única familia que conozco.

- ¿Y tus padres?

- Nunca los conocí. ¿Qué se siente tener un padre?

- Asumo que se siente bien. Pero hay veces en que me siento sobre estimado.

- Debe ser difícil tener un padre que fue tan grande, y vivir a su sombra.

Después de un rato cenaron los pescados, y después de un rato quisieron ir a dormir. A Khala le costó conciliar el sueño. Miraba a Oliver mientras dormía, miraba sus ojos, miraba su boca. No entendía que era lo que llamaba la atención del chico, pero ella sabía que no era tan amigable con la gente, pero con él no podía ser distante. A medida que meditaba más sobre el tema, sus ojos se cerraban.

Cerca de la carpa improvisada se sintió como una rama se rompía por el peso de alguien o algo. Khala se despertó y posó su mano rápidamente sobre la boca de Oliver para evitar que el chico dijera algo. Oliver lo miraba nervioso. Sentían que un cuerpo se acercaba a ellos, hasta que de pronto, la capa de la improvisada carpa fue retirada y arrojada al piso. Los chicos miraron a quien los había despertado, y vieron a dos mujeres con la cara cubierta, completamente de negro y con dos catanas.

- Kunsas. – Dijo Khala en susurro.

- ¿Qué? – Oliver no entendía nada.

Khala en menos de un segundo, sacó su navaja de doble filo y se levantó amenazando a las mujeres. Oliver al ver la escena, también se levanta, toma su claymore y la levanta apuntando a las mujeres.

Una de las mujeres se abalanzó contra Khala, y Oliver alcanzó a interponer su espada. La mujer y el muchacho quedaron iguales en fuerza, y la mujer aprovecho la situación y lanzó un golpe sobre la chica. A las espaldas de Oliver se escuchó un gruñido, y cuando se volteó a mirar, un oso de negra piel apareció donde minutos antes estaba parada Khala.

El oso se abalanzó sobre la mujer que había frenado el ataque directo a Oliver, y la mujer que tenía la catana contra la claymore retrocedió asustada.

La mujer que estoica mantenía su espada frente al oso le dijo algo imperceptible a la que estaba atemorizada, pero Khala ya había lanzado un zarpazo y partió la catana en dos.

La mujer que estaba más atrás envainó su catana, y tomó a la otra por el brazo. El oso volvió a dar un golpe, pero las mujeres ya se habían subido a un árbol en un parpadeo. Oliver corrió a donde estaban las mujeres, y dio un salto con todas sus fuerzas. Agitó la claymore esperando dar un golpe certero, pero sólo alcanzó a cortar parte de la rama sobre la que estaban las mujeres. Cuando ellas dieron un segundo salgo, la rama calló al suelo desequilibrándolas, la catana intacta calló a manos de Oliver, y las mujeres siguieron subiendo hasta que desaparecieron entre las hojas.

- ¿Quiénes eran esas mujeres?

- Sólo sé que los kunsas son los que trabajan de esa forma y con esas armas. Pero no se mucho de ellos. – Khala ya había vuelto a su forma original, y ambos estaban agitados por despertar de un sobresalto.

- ¿Y qué era lo que querían?


- No tengo la más mínima idea.