Rowen se mostraba feliz. Parecía como si se hubiera
juntado con un viejo amigo de la infancia. Oliver miraba aún el cielo sin
explicarse que había pasado. El cielo ya estaba despejado, los rayos de sol
bañaban su rostro, y sus ojos sentían picazón por el abrazo del sol.
Cuando Oliver volvió en sí, internalizó que ya
tenía las moras que necesitaba y ya era hora de volver con sus tíos.
- Muchas gracias, Oliver. – dijo Vianka cuando el
chico le entregó las moras mientras esbozaba una bondadosa sonrisa.
- El viento del este pareció llevarle las nubes que
habían arribado en la mañana. – Bruno había entrado en la cabaña y dejó el
hacha al lado de la puerta.
El día corría como todos los demás. El muchacho
sentía la necesidad de contarles a sus tíos que había sucedido en el monte,
pero no sentía el valor necesario para contárselos. Creía que algo tan de
repente podía ser inoportuno y hasta tonto.
- Hoy escuche algo que me llamo la atención. –
Bruno y Vianka siguieron en lo que estaban como si lo que dijera Oliver fuera
un comentario inocente de un joven de quince años.
- ¿Qué fue tan interesante?, ¿el alcalde nuevamente
estacionó su caballo al lado de la estatua de la plaza? – Bruno siempre
bromeaba con eso, ya que cuando la estatua estaba rodeada de guano era porque
el alcalde había ocupado la plaza como establo.
- Escuché gente hablando.
- Toda la gente habla, Oliver. – Vianka terminó con
una risa tenue.
- Hablaban algo de… el capitán cuervo.
Vianka y Bruno se quedaron estupefactos al escuchar
ese nombre. El fuego por unos segundos pareció irradiar menos luz y calor,
inundando la habitación de frio y nebulosa oscuridad, como si la luz fuera
succionada por una energía sobrenatural.
- El capitán cuervo… - repitió Vianka
- ¿Qué pasó? – Oliver no entendía lo que sucedía.
No sabía que sus tíos le pudieran tener tanto miedo.
- Nada, Oliver, sólo que…nos parece extraño que
este por estos lugares. – Bruno se había armado de valor para responder.
- Pero, ¿Quién es él?
- No sabemos muchos. Sólo que es un pirata exiliado
de Avalon.
- ¿Es de aquí? ¿De Avalon?
- Nació en Charleon. – Vianka había roto la barrera
de cristal en la que se había encerrado al escuchar su nombre. Oliver lo miró
sorprendido. No sabía que su tía Vianka podría saber ese tipo de cosas. Siempre
la veía en la cocina y haciendo otras labores de ama de casa. – Eso es lo que
dicen.
- Creo que ya se está haciendo tarde. – Bruno tomó
el arco y el carcaj mientras se dirigía a la puerta. – Es hora de ir a cazar.
Oliver, hazme el favor de traer la leña para el fuego.
Oliver vio a su tío Bruno salir de la cabaña, y se
sintió incómodo luego de ver que Vianka trataba de seguir ordenando para evitar
hablar con el chico. Se sintió incómodo y se limitó a salir a hacer lo que le
habían pedido.
Oliver entró al establo y Julia salió a su
encuentro. Se acercó al muchacho y con su cabeza empezó a sobarle el brazo
izquierdo para que Oliver le acariciara el cuello.
- Quiero que me digan lo que saben, Julia.
La vaca parecía ponerle atención, pero no comprendía
nada de lo que le decía el chico. Ladeó la cabeza y mugió en tono de duda.
- Me encontré con un tal capitán cuervo, pero no sé nada de él. ¿Sabes que es lo peor? Que
creo que mis tíos saben perfectamente quien es, y no me lo quieren decir. Deben
de tenerle miedo, todo el pueblo le tiene miedo.
Julia se alejó un poco de Oliver, y comenzó a
olfatear el piso, como buscando algo, pero en vez de mirar al piso, lo miraba a
él.
- ¿Crees que debo investigar? – la vaca pareció
asentir haciendo sonar la campana que le colgaba del cuello con una correa de
cuero negro.
Oliver le sonrió, y se dirigió al rincón donde
guardaban la leña bajo un manto de lana.
- Gracias por el consejo, Julia. – dijo Oliver con
una sonrisa antes de cerrar la puerta del establo.
El almuerzo fue como cualquier otro. Bruno y Vianka
ignoraron por completo la conversación que habían tenido más temprano.
- Oliver. – Bruno interrumpió abruptamente el
silencio cuando termino de comer.
Se veía serio como nunca. Oliver jamás había visto
a su tío tan serio como esa vez. Vianka bajó la mirada como si algo malo fuera
a pasar, pero el chico no sabía que iba a suceder. Todo lo había tomado por
sorpresa.
- Debes ir con el Capitán Cuervo.
Vianka se había levantado de la mesa y se había
dirigido a la habitación matrimonial. Oliver lo miraba estupefacto sin entender
a qué se refería Bruno.
- ¿Qué quiere decir tío Bruno?
- Nosotros sabíamos que este día llegaría.
Vianka había llegado con una piel negra en los
brazos, que parecía envolver algo. Jamás en su vida había visto eso que quizás
cuanto tiempo llevaba dentro de la cabaña. Era una piel brillante, como la de
un oso, pero definitivamente era de una bestia que aún no conocía.
- ¿Qué es eso? – preguntó Oliver cuando Bruno tomó
la piel, la abrió, y dejó ver una reluciente espada plateada.
- Esto pertenecía a tu padre, Oliver. Es una capa
de Usura y una espada highlander.
Oliver estaba patidifuso. No dimensionaba las
palabras que escuchaba, menos entendía por qué sus tíos le entregaban la
herencia que por tanto tiempo le habían guardado.
- No sabemos en realidad qué relación tenía este
hombre con tu padre, pero… - Bruno se secaba el sudor de la frente con la palma
de la mano – pero tu padre nos dijo que si algo le pasaba, él te vendría a
buscar.
- pero, ¿Quién es? ¿Por qué debo ir con él?
- Era lo que quería tu padre. Cuando te dejó esto.
Oliver tomó la espada y la miró detenidamente. La
empuñadura tenía un león grabado, además de unas runas en la hoja, pero el
chico aún no tenía los conocimientos para revelar lo que decía.
- Sigo sin entender… - Oliver miraba con pánico los
ojos de su tío Bruno, quien le devolvía la mirada con firmeza.
- Es hora de que partas. Tu destino no es estar en
una granja, Oliver. Tu destino es mucho más grande.
- Si sales ahora, - Vianka tenía en una mano el
báculo de caña con el que Oliver paseaba por el campo, y en la otra la gaita
que le había hecho tío Bruno. Su cara estaba destrozada como el alma en ese
momento. Jamás había imaginado como sería la partida de Oliver– podrás alcanzar
el barco antes de que zarpe.
Oliver se levantó de la mesa y se puso la espada en
la espalda. No sabía que estaba haciendo, ni que iba a hacer, ni donde tenía
que ir. Simplemente estaba parado frente a la puerta mirando a tía Vianka. Tomó
sus pertenencias y Vianka entre lágrimas se puso tras de él y le arregló la
capa. Aún le quedaba bastante grande, cerca de cuatro pulgadas por debajo de
sus tobillos.
- Esto te será de gran ayuda.
Oliver se dio vuelta y miro las manos de Bruno.
Tenía entre sus manos un pequeño bolso de cuero negro que lucía nuevo, pero
dudaba que tuviera menos de diez años.
- También era de tu padre. Es un sporran que él usaba
en la parte trasera de su kilt para que nadie le robara. Estaba con esto.
Oliver miró el papel que Bruno tenía en la mano.
Era un dibujo hecho en carbón. En él se veía una pareja que él conocía bastante
bien. Eran sus padres. Ambos sostenían un pequeño bulto entre los brazos y
también sabía quién era, era él mismo cuando bebé.
Vianka aún lloraba como magdalena por la partida
del muchacho que había criado como su hijo, pero Bruno estaba erguido como si
hubiera cumplido una misión importante para su nación. Oliver suspiró
profundamente y se encaminó hacia la puerta.
- Gracias por todo, tíos. Nos vemos pronto.
Y sin decir más, recibió a Rowen quien había saltado a su brazo derecho, siguió su camino a la puerta, y salió de la cabaña a comenzar su nueva aventura.
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