La luna había salido al encuentro de los viajeros.
Khala y Oliver estaban exhaustos por los kilómetros recorridos sobre la arena.
Sus pisadas parecían una serpiente que aparecía más allá del horizonte por
donde pocos hombres habían pasado sin prestarle atención.
Por sobre las dunas que tenían en frente comenzaron
a ver una luz que envolvía una vasta masa de tierra. Khala aceleró el paso
cuesta arriba por un montículo, y Oliver no quiso quedarse atrás.
- ¿Qué es eso?
Oliver estaba perplejo. Frente a ellos, imponente y
de apariencia indestructible, se hallaba una inmensa capa de fuego. No venían
donde comenzaba ni donde terminaba, y eso les producía cada vez más miedo. Todo
estaba oscuro, apenas iluminado por la barrera de fuego que forraba el
territorio.
- El anillo de juego del que te hablé. – Khala
parecía rendirse.
- ¿Por qué?
- Es una larga historia. En realidad no lo sé muy
bien, pero tengo entendido que la pusieron los Hoshing.
- ¿Por qué ellos? ¿Qué sacan con mantener cercado a
Kronia?
- Hubo una guerra que duró ochenta años entre ambos
países. Hoshing hizo un bloqueo a Kronia. Sólo los Ahl Jar se atreven a pasar.
- ¿Ahl Jar?
- Son traficantes de especias. Como no pueden tener
comercio libre, algunos hombres arriesgan su vida pasando por el anillo de
fuego.
- Pero con eso deberían morir. – Oliver estaba
sorprendido.
- Algunos lo hacen, pero hay otros que buscan la
forma de pasar. Cubrirse con agua, ropas contra fuego, artilugios varios.
¿Recuerdas al hombre que te llevó por el desierto? – Oliver asintió con la
cabeza – Él era un Ahl Jar.
- Pero no parecía traficar nada.
- Probablemente tuvo problemas para atravesar el
anillo. Pero lo que lo evidenció fue que te pidió algo a cambio.
- ¿Por qué?
- ¿No te das cuenta? – Khala se rio débilmente –
Los Ahl Jar conocen a su gente y reconocen de forma fácil a los extranjeros.
Fue una suerte que no te matara.
- ¿Y cómo piensas pasar?
- Eso estoy examinando.
Pasaron varios minutos contemplando el juego, como
si esperaran que las llamas les dieran alguna respuesta. El calor era inmenso y
el sudor comenzaba a brotar lentamente por sus poros. Khala se sentó en la
arena, y Oliver la miró dudando un momento. Cuando el muchacho se sentó, su
acompañante se levantó en un santiamén.
- Lo tengo.
- ¿Qué?
- Aléjate un poco.
Oliver obedeció. Evitó caminar sobre sus pisadas
para evitar accidentes, y cuando se dio vuelta para mirar a su amiga, la chica
estaba brillando, su pelo ondeaban con viento que parecía salir desde el piso,
y su piel comenzó a cambiar de color.
La chica comenzó a aumentar grotescamente de
tamaño, casi triplicó las proporciones. Su piel empezó a llenarse de escamas
color marengo, sus ojos se tornaron amarillos y de forma similar a la de los
reptiles, y le salieron gigantescas alas. Lo que tenía Oliver frente a él ya no
era a Khala, si no que era un dragón de escamas brillantes y colmillos
amenazadores.
- Guau… - dejó escapar Oliver por el asombro y
Khala que ahora era un dragón acercó su cabeza a la arena y abrió sus fauces. – Asumo no quieres que
entre en tu boca. – Dijo Oliver con repugnancia, y el dragón exhaló aire
levantando arena – ¿Eso es un sí? – El dragón hizo una especie de ronroneo – Está
bien.
Oliver resignado entró en la boca del dragón, quien
la cerró y se levantó lentamente.
- Te recomiendo enjuague con bicarbonato, Khala,
Camille tiene bastante. – El dragón se limitó a expulsar vapor por la nariz y
entre los dientes. – Sólo fue una sugerencia. – Oliver se escuchaba
arrepentido.
Khala se acercó lentamente al aro de fuego, e
introdujo delicadamente la punta de la nariz. Cuando comprobó que era inmune,
se atrevió a pasar completamente a través de él.
- No sabía que tenías la habilidad de transformarte
también en un dragón. – Dijo Oliver sorprendido después de que Khala volvió a
su estado original. – Puedo transformarme en casi cualquier criatura, pero
obviamente hay algunas que agotan demasiado.
Khala sudaba como si el esfuerzo hubiera sido
sobrehumano. Secó su frente con la manga de su blusa y se levantó para comprobar
el estado de su amigo. Oliver por otra parte, con cara de asco se sacaba la
baba de dragón con las manos.
Cuando se repusieron, volvieron a emprender el
viaje. Poco a poco la arena se hacía más gruesa y oscura. El frío del desierto
nocturno desaparecía para dar paso al aire húmedo. Un aroma floral los
abrazaba, y hojas comenzaban a verse a unos metros de distancia.
- ¿Estamos llegando a un bosque? – dijo Oliver
sorprendido al ver un bosque tan cercano al desierto.
- Al parecer estamos arribando a Nachten
- ¿Nachten? ¿Qué es eso?
- Nachten, el bosque oscuro de Mitgar. Tan oscuro
como peligroso.
- ¿Y entraremos ahí desarmados?
- Debemos ser sigilosos. Cuidado.
Khala se acercó a los primeros árboles y se puso
sus manos para estar preparada para esconderse en caso de algún peligro
inminente. Oliver la imitó y se posó al árbol frente a ella.
Comenzaron a abrirse camino por un improvisado
sendero entre los árboles. Las hojas le prohibían a la luna iluminar las hojas
en el piso, ni siquiera pequeños oasis de luz entre la negrura de Nachten.
- Estoy cansado. – dijo en voz baja Oliver después
de vario kilómetros.
- Yo también. Será mejor que acampemos. No hemos
sentido movimiento en varios metros.
- Ni siquiera animales.
- Quedémonos por acá, no sé cuánto resistiremos. No
te muevas.
Khala se separó de Oliver sin rumbo conocido, y el
muchacho buscó en el piso alguna rama que le sirviera. Encontró dos bastante
largas y las enterró separadas por al menos metro y medio. Se acercó a un árbol
y sacó un pedazo de corteza húmeda para construir una liana.
- ¿Qué haces? – Le preguntó Khala luego de volver
de su travesía con leña seca entre sus brazos.
- Una liana. – Respondió Oliver.
- ¿Para qué?
Oliver omitió respuesta alguna. Cuando terminó luego
de unos segundos de silencio, extendió la liana entre los palos que estaban
ensartados en la tierra. Sobre el armazón, posó su capa formando una humilde
carpa.
- Ingenioso. – Dijo Khala mirando la carpa del
chico mientras formaba un círculo de piedras.
Los chicos armaron la fogata y ya tenían listo su
campamento improvisado. Se sentaron frente al fuego en silencio.
- ¿Puedes hacer otra liana? – preguntó Khala con
una sonrisa.
- Sí.
- Excelente, tengo una idea.
Khala se levantó y comenzó a buscar algo en el piso
en la oscuridad, y Oliver se levantó para sacar otro pedazo de corteza para
hacer una nueva liana. Cuando la tuvo lista, Khala lo tomó, lo ató a un extremo
de un palo que había encontrado y se inmiscuyó en la obscuridad.
Oliver miraba el fuego de la fogata que lentamente
se transformaba en la chimenea de su granja. El aroma al pastel de moras de tía
Vianka lo embriagaba y le daban picazón en el estómago, como una ansiedad por
morder lo más luego posible un trozo de ese hermoso pastel.
Tío Bruno estaba sentado a unos pasos más allá de
donde estaba Oliver sobre la alfombra de lana, tocando el laúd con los ojos
cerrados. La melodía lo llevaba lejos, y lo instaba a sacar su gaita.
- No te atrevas. – Le advirtió Khala tomándole la
mano para evitar que sacara la gaita una vez que volvió su conciencia a la
realidad.
- Lo siento…
- Traigo comida.
Khala traía una caña improvisada con cuatro pescados
que aún movían sus branquias. Se sentó junto al chico, y comenzó a limpiarlos
con su navaja de doble filo. Los pusieron en pequeñas ramitas y las clavaron en
la arena cerca de la fogata.
- Lamento que no sea una cena decente como en el
barco.
- No te preocupes, Khala. Valoro mucho que me hayas
venido a buscar y ahora me estés alimentando.
- ¿Extrañas a tu familia? – Preguntó Khala luego de
un silencio.
- Mucho. Hay muchas cosas que me recuerdan a ellos.
- Eres afortunado de tener familia.
Oliver miró a Khala. La chica estaba mirando al
fuego abrazándose las rodillas. El chico estaba sentado con las piernas
cruzadas, y comenzó a hacer dibujos con una ramita.
- ¿Qué sucedió con la tuya?
- No tengo familia.
- ¿Cómo?
- La tripulación es la única familia que conozco.
- ¿Y tus padres?
- Nunca los conocí. ¿Qué se siente tener un padre?
- Asumo que se siente bien. Pero hay veces en que
me siento sobre estimado.
- Debe ser difícil tener un padre que fue tan
grande, y vivir a su sombra.
Después de un rato cenaron los pescados, y después
de un rato quisieron ir a dormir. A Khala le costó conciliar el sueño. Miraba a
Oliver mientras dormía, miraba sus ojos, miraba su boca. No entendía que era lo
que llamaba la atención del chico, pero ella sabía que no era tan amigable con
la gente, pero con él no podía ser distante. A medida que meditaba más sobre el
tema, sus ojos se cerraban.
Cerca de la carpa improvisada se sintió como una
rama se rompía por el peso de alguien o algo. Khala se despertó y posó su mano
rápidamente sobre la boca de Oliver para evitar que el chico dijera algo.
Oliver lo miraba nervioso. Sentían que un cuerpo se acercaba a ellos, hasta que
de pronto, la capa de la improvisada carpa fue retirada y arrojada al piso. Los
chicos miraron a quien los había despertado, y vieron a dos mujeres con la cara
cubierta, completamente de negro y con dos catanas.
- Kunsas. – Dijo Khala en susurro.
- ¿Qué? – Oliver no entendía nada.
Khala en menos de un segundo, sacó su navaja de
doble filo y se levantó amenazando a las mujeres. Oliver al ver la escena,
también se levanta, toma su claymore y la levanta apuntando a las mujeres.
Una de las mujeres se abalanzó contra Khala, y
Oliver alcanzó a interponer su espada. La mujer y el muchacho quedaron iguales
en fuerza, y la mujer aprovecho la situación y lanzó un golpe sobre la chica. A
las espaldas de Oliver se escuchó un gruñido, y cuando se volteó a mirar, un
oso de negra piel apareció donde minutos antes estaba parada Khala.
El oso se abalanzó sobre la mujer que había frenado
el ataque directo a Oliver, y la mujer que tenía la catana contra la claymore
retrocedió asustada.
La mujer que estoica mantenía su espada frente al
oso le dijo algo imperceptible a la que estaba atemorizada, pero Khala ya había
lanzado un zarpazo y partió la catana en dos.
La mujer que estaba más atrás envainó su catana, y
tomó a la otra por el brazo. El oso volvió a dar un golpe, pero las mujeres ya
se habían subido a un árbol en un parpadeo. Oliver corrió a donde estaban las
mujeres, y dio un salto con todas sus fuerzas. Agitó la claymore esperando dar
un golpe certero, pero sólo alcanzó a cortar parte de la rama sobre la que
estaban las mujeres. Cuando ellas dieron un segundo salgo, la rama calló al
suelo desequilibrándolas, la catana intacta calló a manos de Oliver, y las
mujeres siguieron subiendo hasta que desaparecieron entre las hojas.
- ¿Quiénes eran esas mujeres?
- Sólo sé que los kunsas son los que trabajan de
esa forma y con esas armas. Pero no se mucho de ellos. – Khala ya había vuelto
a su forma original, y ambos estaban agitados por despertar de un sobresalto.
- ¿Y qué era lo que querían?
- No tengo la más mínima idea.
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