La destrucción era bastante grande. Partes del
barco había sido carcomida por el fuego y había que retirar bastantes tablas
para repararlo, sin embargo, los tripulantes se limitaban a limpiar sacando
sólo las partes quemadas.
- Buenos días, capitán – Saludó Oliver al entrar en
la habitación de Eliot.
El hombre estaba tirado en su cama con el rostro
pálido y totalmente adormecido. Las heridas no eran visibles pero se notaba que
la batalla le había pasado la cuenta.
Camille estaba atendiéndolo dándole alguna especie
de medicamento, y cuando vio que el chico entró, se despidió del capitán con
una reverencia y saludo al muchacho por el hombro.
- ¿Cómo se siente?
- Mejor, gracias. – Eliot miraba al chico con ojos
agradecidos. – Fuiste muy valiente anoche, pequeño. Admirable incluso su
astucia.
- Gracias, señor. Tengo una duda.
Eliot miró al pequeño con una leve sonrisa como si
supiera lo que le iba a preguntar.
- El barco fue dañado.
- Evidentemente…
- Pero no usted. – El silencio inundó la habitación
– Sin embargo, usted sufrió las mismas dolencias que el barco.
- Muy astuto, muy astuto. No me equivoqué contigo.
- Usted y el barco son uno sólo.
- Así es, Oliver. Yo soy el barco. El Graznido Negro es mi corazón, y mi
alma.
Oliver lo miró sin entender las palabras. No sabía
si lo que decía el capitán debía ser interpretado de forma literal o
figurativa.
- Lamento lo de la puerta. – Dijo Oliver recordando
que la había atascado con la espada que Eliot le había dado.
- No te preocupes. De no haber sido por eso, los
soldados de Castilla me hubieran atrapado.
- ¿De ahí eran?
- Así es. Viejos enemigos. Los reyes de Castilla y
Vodace han ofrecido fortunas por mi cabeza.
- Debe ser difícil no poder navegar tranquilo.
- Al parecer descubrieron mi debilidad. Jamás la
destrucción había sido tan grande.
- ¿Nos dirigíamos a Castilla?
- No. Nuestro Rumbo nos llevaba a Vodace por el mar
de Qulu, pero al parecer no podremos ir por ese camino, y tendremos que darnos
la vuelta por los mares congelados.
- ¿Por qué a Vodace?
- Hay asuntos que resolver en ese lugar. Ahora… -
el capitán hizo un ademán hacia la puerta – te pido por favor que te retires.
Deseo descansar.
- Por supuesto, capitán.
Oliver se levantó lentamente y se dirigió a la
puerta para volver a su habitación. Al entrar se dio cuenta de que no tenía
nada que hacer y era mejor subir a cubierta.
- Pensé que estarías con Eliot. – Khala colgaba de
una de las lianas que caían de la vela.
- Eso estaba haciendo, pero quería descansar.
Oliver pareció ignorarla mirando al horizonte, y
entonces Khala baja de los cielos para quedar en cuclillas al lado de Oliver
mirando al mismo punto, pero ella sobre la baranda del barco.
- ¿Qué miras?
- Nada en especial. – Oliver frunció el ceño riendo
débilmente.
- ¿Sabes a dónde vamos?
- No, y en realidad me gustaría saberlo.
- Vamos a Usura.
- ¿A qué vamos exactamente?
- Según Ignum a buscar unos ingredientes para la medicina
de Eliot.
- ¿Ignum?
- Brawl Ignum. El tipo gigantón que lanza fuego por
sus manos.
- Se quién es. – Oliver rió – ¿Sólo ahí venden la
medicina?
- ¿Tienes cera en los oídos? Sólo iremos a buscar
los ingredientes, Camille hará la poción rara esa.
Olive miró hacia adelante. Le pareció ver cómo un
pequeño manto de tierra comenzaba a brotar desde el horizonte, apenas visible.
- ¡Tierra a la vista, guapos! – grito Khala cuando
se dio cuenta.
Los hombres comenzaron a tomar sus puestos para
estar listos para la orden.
- ¡Al parecer yo estaré a cargo, así que mucha
atención! – Khala había subido a dónde estaba el timón y sacó su catalejo del
pantalón.
- No te apures, Khala. – dijo el capitán poniendo
una de sus manos al costado de su torso cual embarazada, mientras en su mano
libre tenía su espada como bastón. – El capitán aún puede hacer su trabajo.
Varios miraron a Eliot sorprendidos por verlo de
pié después de lo que había pasado. Subió por la escalera al lado de la puerta
hasta llegar al timón, atravesó la espada por uno de los espacios, se apoyó con
el codo, y extendió la mano para que la chica le entregara el catalejo.
- Gracias, Khala. – dijo Eliot con una amistosa
sonrisa después de recibir el catalejo.
Oliver nunca se separó del capitán, siempre estuvo
detrás de él por si algo le pasaba. Khala subió como al parecer era costumbre
al mástil más alto para ver lo que tenía en barco a su alrededor. Los hombres
comenzaron a elevar las velas, bajar en ancla y preparar las velas para
descender del barco.
- Hemos llegado a Usura, señores. – Khala tosió con
la intensión de que Eliot se diera cuenta que al menos ella era una niña. –
Bueno, y señorita.
- ¿Podremos bajar todos? – preguntó un hombre cerca
de la proa.
- Desafortunadamente no, Frank. Usura es una región
peligrosa y lo mejor es que no seamos detectados.
- Bajará el equipo de siempre. – dijo esperando
afirmación del capitán.
- Así es. Camille, Seth, Siechfrid, y Khala.
- ¿Por qué debo ir yo? – preguntó Camille
hostigado.
- A la próxima podremos mandar a alguien más, pero
por ahora…
- Yo podría ir capitán. – intervino Brawl.
- Brawl, no quiero parecer pesado, pero
lamentablemente llamas mucho la atención. Si estuviéramos en Qulu o Kronia será
todo más fácil, pero aquí…
- No se preocupe capitán, cuente conmigo. – dijo
Camille para terminar con la discusión.
Por un momento Oliver pensó que Eliot lo elijaría a
él, pero cuando Camille declinó su rechazo volvió a respirar como siempre.
Las cuatro personas se prepararon para bajar del
bardo y dirigirse a la ciudad que tenían en frente. Khala sólo había sacado un
bolso pequeño, seguramente para echar los ingredientes para comprarlos. Camille
iba con un libro, pero a los otros dos Oliver nunca los había visto.
Uno de los individuos era de proporciones bastante
normales y cabello rubio, se veía tonificado y sus rasgos eran duros y
huesudos. Sus ojos eran grises profundos, como si guardaran una infinidad de
secretos. El otro era más alto y de pelo oscuro y ojos verdes. No se veía
tonificado, incluso llamaba la atención al lado del rubio porque tenía una
pequeña panza que sobresalía de su camisa.
El grupo bajó en el bote lentamente hasta perderse
por completo de la vista de los piratas, incluido Oliver. El capitán lo miró y
sacó su espada.
- Sígueme.
El chico comenzó a seguir a Eliot, quien
evidentemente iba a su despacho. Se sentó a duras penas en el sillón que daba
la espalda al cuadro de Karylle.
- Espero sepas por qué no te envié hoy.
- ¿Perdón? – Oliver no entendía lo que le habían
dicho. El muchacho nunca había expresado de ninguna forma que quería salir por
un momento del barco, y dudaba que el capitán leyera la mente. Incluso para sí
jamás lo había dicho ni pensado explícitamente.
- Eso, quiero que seas tú quien emprenda las
misiones en tierra con el equipo, pero no partirás hoy.
- ¿Ese es el equipo para las misiones en tierra?
- No el definitivo. Camille está sólo porque es
inteligente y hay veces en que Khala pierde el sentido práctico.
- ¿Y por qué quiere que yo baje a tierra para sus
encargos?
- Porque estás empezando a entrenar con la espada,
Oliver. En poco tiempo te podrás defender y eres una persona bastante astuta.
Tienes pasta para eso.
- ¿Necesitaba algo, capitán? – Brawl había abierto
levemente la puerta de la habitación.
- Si Brawl, ¿puedes seguir con el entrenamiento de
Oliver? No me siento capaz de hacerlo por el día de hoy.
- Por supuesto, capitán.
- No le alcancé a preguntar algo al capitán. – dijo
Oliver para sí cuando con Brawl se dirigían a bordo.
- ¿Qué necesitas saber? – la voz de Brawl sonaba
profunda pero amigable.
- ¿Sólo esto es Usura?
- Como crees. – Brawl dejó escapar una leve risa. –
Esto es Magiyakozhi, la ciudad de las brujas y sanadoras. Es sólo uno de los
tantos puertos de Usura.
- ¿De ahí el peligro?
- Si, pero más que por ser una ciudad de brujas y hechiceros,
es porque la tripulación ha tenido problemas con algunas brujas.
- ¿Si? – Oliver estaba sorprendido.
- Una vez un pirata de esta tripulación se enamoró
de una bruja, y ella de él. – Brawl abrió la puerta pero dejó que Oliver pasara
primero – El problema fue que cuando el hombre le dijo que debía dejarla para
volver con la tripulación, lanzó horribles maldiciones para El Graznido Negro.
- No conocía la historia.
- Dudo que conozcas otra. – Brawl rió y el muchacho
lo secundó.
El gigantesco hombre tenía razón, después de todo
Oliver sólo llevaba un par de días en el barco.
Brawl y Oliver elevaron sus espadas y comenzaron a
entrenar. Algunos hombres los mirabas, pero otros seguían jugando cartas o
durmiendo. Así pasaron varias horas, hasta que Oliver habló luego de varias
horas de estar escuchando los consejos de Brawl.
- Estoy cansado. – el muchacho se secó la frente.
- No te preocupes, Oliver, llevamos bastante
entrenando. No hay problema si descansamos. – la voz de Brawl se escuchaba
agitada.
- La gente está de vuelta. – dijo un pirata que
miraba por la borda.
Los hombres comenzaron a aglomerarse en dirección
de donde venía el bote con la gente que había ido a tierra firme. Brawl y
Oliver permanecieron donde estaba.
- ¿Quién será? -
le oyeron decir a uno de los hombres, Oliver y Brawl se miraron
extrañados y se acercaron a donde estaba la masa.
Ambos, y como la mayoría de la tripulación que
miraba el bote, veían a una chica un poco más joven que Khala, que venía con
los cuatro tripulantes que habían ido a tierra firme.
- No sé qué pensará el capitán con esto. – Brawl parecía
preocupado.
- Yo le preguntaré.
Oliver tomó su espada y la llevó a su habitación.
- ¿Capitán? – Preguntó Oliver cuando abrió la
puerta.
- ¿Si?
- Creo que debe ver algo.
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