viernes, 4 de marzo de 2016

Capítulo IV: Cuando Oliver se embarca

Por un largo sendero de tierra bajo un arco infinito de altos árboles, se veía una pequeña silueta negra que corría camino abajo. A cada paso que golpeaba la tierra, además de expulsar bocanadas de humo con sus zapatos, sonaba una nota hueca producida por la gaita.

Oliver llevaba la frente cubierta de sudor, la capa ondeaba detrás del muchacho mientras Rowen aleteaba sobre su cabeza. Las hojas le abrían el paso, los animales fuera del sendero lo observaban atemorizados y un granjero se sacó el sombrero para limpiar el sudor de su frente cuando pasó cerca de donde cosechaba trigo.

El sporran que le había dado tío Bruno saltaba a cada paso y le golpeaba las nalgas, y la cadena hacía que la caída de la gaita fuera más fuerte contra el costado de su muslo.

Luego de varios kilómetros corridos por el sendero, Oliver llegó al pueblo. No había gente en las calles y todas las tiendas estaban cerradas. La desolación se veía en cada esquina, signo claro de pánico. El muchacho dejó de correr para empezar a caminar, y el viento solitario le secaba el sudor que sentía helado. Se fue acercando a la playa, no a muchos metros de la plaza central, y justo en una banca frente al muelle se hallaba el oscuro hombre son la pierna izquierda sobre el asiento, con un cigarrillo en su mano, mirando el sol que se escondía detrás del horizonte.

- Señor.- dijo Oliver con algo de miedo en su voz.
El hombre se levantó sonriéndole al mar dando una mirada agradecida.

- Sabía que vendrías. - el hombre se levantó y lo miró a los ojos acercándose impetuoso a la cara del chico – Pero a decir verdad, si Camille llegaba antes que tú íbamos a zarpar.

- ¿Camille?

- Ya lo conocerás. ¿No llevas equipaje? – el hombre miró tras el chico esperando ver alguna bolsa.

- No tengo nada. – Oliver miró con miedo. No sabía cuál sería la reacción del capitán – Llevo lo que pensé necesitaría.
El hombre miró detenidamente al chico. Su espada, su kilt, pero centró sus ojos en la capa de piel y frunció el ceño.

- ¿Qué es eso?

- Una capa.

- Sé que es una capa. – dio una carcajada insonora con la nariz.

- Era de mi padre. Hoy me la entregó tía Vianka.

- Es raro que un chico como tú ande con una capa como esa. No podrás ocuparla siempre.

- ¿Por qué? ¿Hará calor a dónde vamos?

- No es por el calor, es por tu cabeza.

El chico abrió los ojos asustado. Jamás se le había pasado por la cabeza que podría enfrentarse a feroces agravios que le hicieran perder la vida.

- ¡ha, Camille! ¿Llevas todo?

Oliver se dio vuelta para quien venía detrás. Había un hombre bastante bajo en relación al capitán, sólo unos centímetros más alto que Oliver. Era delgado y de piel pálida que contrastaban con el pelo negro que le llegaba al pecho y que por la espalda le cubrían el trasero. Vestía un desteñido abrigo burdeos con pantalones negros, una camisa percudida cuyo cuello estaba atado con una cinta negra, camisa que además parecía haber sido manchada varias veces y lavada sobriamente.

- Tú debes ser Oliver. – Dijo  Camille con una gran sonrisa – Eliot nos ha contado bastante sobre ti.

- ¿Eliot? – Oliver lo miró extrañado.

El capitán rió fuertemente, su voz estrepitosa espantó a unas gaviotas que estaban cerca de la banca donde se encontraban los personajes, incluso Oliver se sobresaltó con la risa.

- Hasta el Capitán Cuervo tiene un nombre mortal, Oliver.

- Tú eres…

-Eliot Lancaster. – interrumpió el capitán al niño – Más conocido como el Capitán Cuervo en Avalon, Dux Corvus en Vodache, Herr Krähe en…

- Hay una estatua tuya en la plaza. – interrumpió Oliver agitado.

- Eres bastante observador, pequeño Oliver.

- ¿Cómo es posible?

- Hay tantas cosas que debes saber, pequeño Oliver, pero esas son cosas que aprenderás en el viaje.

- ¿Dónde vamos exactamente? ¿Por qué debo ir con usted?

- Tu padre quería que vinieras conmigo, ¿no? – Eliot lanzó el cigarrillo al piso para apagarlo con su bota – alguna razón debe tener para todo esto.

Oliver lo miró a los ojos. No sabía exactamente por que debía subir al barco ni por qué su padre deseaba tanto que fuera con Eliot. ¿Acaso ellos se conocían?

- Será mejor que zarpemos luego, debemos llegar a Vodache lo antes posible, y es un camino bastante largo por recorrer. Camille, por favor enséñale a Oliver su habitación, yo mandaré a los marineros a que leven el ancla.

Camille con la mano extendiéndola al barco le dio la pasada para que se embarcara. Oliver miró por última vez Campshire y de espaldas comenzó a caminar en dirección al barco. Cuando volteó el barco ya había desplegado el puente para subir, y con gritos el capitán daba órdenes para hacer zarpar el barco.
El barco era café rojizo, la madera se notaba vieja pero parecía encerada e hinchada. Oliver sentía un tenue mareo sobre el barco, pero lo suficiente como para mantenerse vivo y limpio de vómito. Los hombres comenzaron a subir los pilares para desamarrar las velas, otros tiraban las pesadas cadenas que sostenían el ancla, pero lo que más le llamo la atención, era una joven de castaños cabellos que estaba en lo alto del pilar central del barco sostenida sólo por las piernas. Sus manos sostenían un catalejo plateado y sus labios guardaban un cuchillo de doble filo y mango de marfil. Cuando cerró el catalejo miró a bordo del barco y fijó sus ojos en Oliver.

- Te llegó compañía Eustace. – dijo mirando algo que estaba en la punta del pilar sobre el mástil de una bandera negra con la calavera en el centro.

Erguido como si fuera un adorno en el mástil estaba el cuervo de viejas plumas opacas que Oliver había visto en el monte de Campshire. El cuervo graznó y Rowen le devolvió el saludo con su voz de pito.

- Ve a jugar si quieres. – dijo Oliver dándole una sonrisa a su fiel amigo.

El cuervo emprendió el vuelo a las alturas para encontrarse nuevamente con su colega. El muchacho de pronto volvió a la realidad y vio que Camille lo llamada desde la puerta al lado de la escalera que llevaba al timón. El chico entró por la puerta y se encontró un enorme pasillo que no era evidente mirado desde afuera del barco. Había puertas a cada lado y era de suponer que todas esas eran habitaciones ya que estaban cerradas. Al fondo del pasillo se encontraba la única puerta que era de un color distinto a las demás. Era oscura, casi negra, adornada por una cerradura dorada cuya perilla estaba adornada por un cuervo. A cada lado bajaban escaleras que sin puertas dejaban ver la oscuridad de un subterráneo. Se adentraron en el pasillo, Oliver siguiendo a Camille que se movía confiado con el conocimiento de todo el plano,  y se detuvieron ante las últimas puertas antes de llegar a las escaleras.

- Esa es tu habitación, Oliver. – Dijo Camille apuntando la puerta a la derecha mirando a la negra desde el frente – Esta es la mía. SI necesitas algo, - Camille ya había abierto su puerta y se devolvió a dar las últimas indicaciones – te recomiendo busques a alguien más, suelo hacer estudios en el barco. Pero si es urgente, puedes enviarme cartas bajo la puerta, la mantengo con llave.

Dio una sonrisa amistosa, y se adentró en su habitación. Oliver escuchaba todavía las cadenas del ancla y los gritos de Eliot. Miró al techo que estaba negro por las velas al lado de cada puerta en el pasillo, y abrió la puerta con nerviosismo.

La habitación era amplia, más de lo que evidenciaba el pasillo. Era como si cada habitación dentro de ese barco estuviera encantada con alguna especie de magia expansiva, pero nada muy evidente. La pieza era del color de la madera misma, no había sido pintada. Tenía visillos blancos translúcidos en las ventanas y la cama tenía sábanas perfectamente blancas. Había un librero vacío, un escritorio con papel, tinta y plumas; y una silla caoba oscuro.

Oliver posó su capa sobre la silla, y dejó la espada bajo la cama. Tomo su sporran pero dudó en dejarlo en la habitación, así que lo mantuvo cerca de su trasero donde probablemente nadie lo tomaría. Puso la gaita en la perilla superior derecha de la cama y se sentó mirando a la ventana como el barco comenzaba a alejarse lentamente del puerto.

Meditó por un momento, ya no podía dar paso atrás. Ya incluso sin saber por qué debía estar en el barco con Eliot había abandonado a sus tíos, y con más pesar en su corazón, a Julia, su vieja amiga.

Se sintieron los pasos de una única persona en el pasillo, eran pisadas fuertes. Se detuvieron fuera de la puerta de la habitación que ahora era del chico, y golpearon tres veces.

- Adelante. – la voz de Oliver era tranquila pero penosa.

- Oliver. – Era el capitán Eliot.

- ¿Puedes venir un momento?

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