Por un largo sendero de tierra bajo un arco
infinito de altos árboles, se veía una pequeña silueta negra que corría camino
abajo. A cada paso que golpeaba la tierra, además de expulsar bocanadas de humo
con sus zapatos, sonaba una nota hueca producida por la gaita.
Oliver llevaba la frente cubierta de sudor, la capa
ondeaba detrás del muchacho mientras Rowen aleteaba sobre su cabeza. Las hojas
le abrían el paso, los animales fuera del sendero lo observaban atemorizados y
un granjero se sacó el sombrero para limpiar el sudor de su frente cuando pasó
cerca de donde cosechaba trigo.
El sporran que le había dado tío Bruno saltaba a
cada paso y le golpeaba las nalgas, y la cadena hacía que la caída de la gaita
fuera más fuerte contra el costado de su muslo.
Luego de varios kilómetros corridos por el sendero,
Oliver llegó al pueblo. No había gente en las calles y todas las tiendas
estaban cerradas. La desolación se veía en cada esquina, signo claro de pánico.
El muchacho dejó de correr para empezar a caminar, y el viento solitario le
secaba el sudor que sentía helado. Se fue acercando a la playa, no a muchos
metros de la plaza central, y justo en una banca frente al muelle se hallaba el
oscuro hombre son la pierna izquierda sobre el asiento, con un cigarrillo en su
mano, mirando el sol que se escondía detrás del horizonte.
- Señor.- dijo Oliver con algo de miedo en su voz.
El hombre se levantó sonriéndole al mar dando una
mirada agradecida.
- Sabía que vendrías. - el hombre se levantó y lo
miró a los ojos acercándose impetuoso a la cara del chico – Pero a decir
verdad, si Camille llegaba antes que tú íbamos a zarpar.
- ¿Camille?
- Ya lo conocerás. ¿No llevas equipaje? – el hombre
miró tras el chico esperando ver alguna bolsa.
- No tengo nada. – Oliver miró con miedo. No sabía
cuál sería la reacción del capitán – Llevo lo que pensé necesitaría.
El hombre miró detenidamente al chico. Su espada,
su kilt, pero centró sus ojos en la capa de piel y frunció el ceño.
- ¿Qué es eso?
- Una capa.
- Sé que es una capa. – dio una carcajada insonora
con la nariz.
- Era de mi padre. Hoy me la entregó tía Vianka.
- Es raro que un chico como tú ande con una capa
como esa. No podrás ocuparla siempre.
- ¿Por qué? ¿Hará calor a dónde vamos?
- No es por el calor, es por tu cabeza.
El chico abrió los ojos asustado. Jamás se le había
pasado por la cabeza que podría enfrentarse a feroces agravios que le hicieran
perder la vida.
- ¡ha, Camille! ¿Llevas todo?
Oliver se dio vuelta para quien venía detrás. Había
un hombre bastante bajo en relación al capitán, sólo unos centímetros más alto
que Oliver. Era delgado y de piel pálida que contrastaban con el pelo negro que
le llegaba al pecho y que por la espalda le cubrían el trasero. Vestía un
desteñido abrigo burdeos con pantalones negros, una camisa percudida cuyo
cuello estaba atado con una cinta negra, camisa que además parecía haber sido
manchada varias veces y lavada sobriamente.
- Tú debes ser Oliver. – Dijo Camille con una gran sonrisa – Eliot nos ha
contado bastante sobre ti.
- ¿Eliot? – Oliver lo miró extrañado.
El capitán rió fuertemente, su voz estrepitosa
espantó a unas gaviotas que estaban cerca de la banca donde se encontraban los
personajes, incluso Oliver se sobresaltó con la risa.
- Hasta el Capitán Cuervo tiene un nombre mortal,
Oliver.
- Tú eres…
-Eliot Lancaster. – interrumpió el capitán al niño
– Más conocido como el Capitán Cuervo en Avalon, Dux Corvus en Vodache, Herr
Krähe en…
- Hay una estatua tuya en la plaza. – interrumpió
Oliver agitado.
- Eres bastante observador, pequeño Oliver.
- ¿Cómo es posible?
- Hay tantas cosas que debes saber, pequeño Oliver,
pero esas son cosas que aprenderás en el viaje.
- ¿Dónde vamos exactamente? ¿Por qué debo ir con
usted?
- Tu padre quería que vinieras conmigo, ¿no? –
Eliot lanzó el cigarrillo al piso para apagarlo con su bota – alguna razón debe
tener para todo esto.
Oliver lo miró a los ojos. No sabía exactamente por
que debía subir al barco ni por qué su padre deseaba tanto que fuera con Eliot.
¿Acaso ellos se conocían?
- Será mejor que zarpemos luego, debemos llegar a
Vodache lo antes posible, y es un camino bastante largo por recorrer. Camille,
por favor enséñale a Oliver su habitación, yo mandaré a los marineros a que
leven el ancla.
Camille con la mano extendiéndola al barco le dio
la pasada para que se embarcara. Oliver miró por última vez Campshire y de
espaldas comenzó a caminar en dirección al barco. Cuando volteó el barco ya
había desplegado el puente para subir, y con gritos el capitán daba órdenes
para hacer zarpar el barco.
El barco era café rojizo, la madera se notaba vieja
pero parecía encerada e hinchada. Oliver sentía un tenue mareo sobre el barco,
pero lo suficiente como para mantenerse vivo y limpio de vómito. Los hombres
comenzaron a subir los pilares para desamarrar las velas, otros tiraban las
pesadas cadenas que sostenían el ancla, pero lo que más le llamo la atención,
era una joven de castaños cabellos que estaba en lo alto del pilar central del
barco sostenida sólo por las piernas. Sus manos sostenían un catalejo plateado
y sus labios guardaban un cuchillo de doble filo y mango de marfil. Cuando
cerró el catalejo miró a bordo del barco y fijó sus ojos en Oliver.
- Te llegó compañía Eustace. – dijo mirando algo
que estaba en la punta del pilar sobre el mástil de una bandera negra con la
calavera en el centro.
Erguido como si fuera un adorno en el mástil estaba
el cuervo de viejas plumas opacas que Oliver había visto en el monte de
Campshire. El cuervo graznó y Rowen le devolvió el saludo con su voz de pito.
- Ve a jugar si quieres. – dijo Oliver dándole una
sonrisa a su fiel amigo.
El cuervo emprendió el vuelo a las alturas para
encontrarse nuevamente con su colega. El muchacho de pronto volvió a la
realidad y vio que Camille lo llamada desde la puerta al lado de la escalera
que llevaba al timón. El chico entró por la puerta y se encontró un enorme
pasillo que no era evidente mirado desde afuera del barco. Había puertas a cada
lado y era de suponer que todas esas eran habitaciones ya que estaban cerradas.
Al fondo del pasillo se encontraba la única puerta que era de un color distinto
a las demás. Era oscura, casi negra, adornada por una cerradura dorada cuya
perilla estaba adornada por un cuervo. A cada lado bajaban escaleras que sin
puertas dejaban ver la oscuridad de un subterráneo. Se adentraron en el
pasillo, Oliver siguiendo a Camille que se movía confiado con el conocimiento
de todo el plano, y se detuvieron ante
las últimas puertas antes de llegar a las escaleras.
- Esa es tu habitación, Oliver. – Dijo Camille
apuntando la puerta a la derecha mirando a la negra desde el frente – Esta es
la mía. SI necesitas algo, - Camille ya había abierto su puerta y se devolvió a
dar las últimas indicaciones – te recomiendo busques a alguien más, suelo hacer
estudios en el barco. Pero si es urgente, puedes enviarme cartas bajo la
puerta, la mantengo con llave.
Dio una sonrisa amistosa, y se adentró en su
habitación. Oliver escuchaba todavía las cadenas del ancla y los gritos de
Eliot. Miró al techo que estaba negro por las velas al lado de cada puerta en
el pasillo, y abrió la puerta con nerviosismo.
La habitación era amplia, más de lo que evidenciaba
el pasillo. Era como si cada habitación dentro de ese barco estuviera encantada
con alguna especie de magia expansiva, pero nada muy evidente. La pieza era del
color de la madera misma, no había sido pintada. Tenía visillos blancos
translúcidos en las ventanas y la cama tenía sábanas perfectamente blancas.
Había un librero vacío, un escritorio con papel, tinta y plumas; y una silla
caoba oscuro.
Oliver posó su capa sobre la silla, y dejó la
espada bajo la cama. Tomo su sporran pero dudó en dejarlo en la habitación, así
que lo mantuvo cerca de su trasero donde probablemente nadie lo tomaría. Puso
la gaita en la perilla superior derecha de la cama y se sentó mirando a la
ventana como el barco comenzaba a alejarse lentamente del puerto.
Meditó por un momento, ya no podía dar paso atrás.
Ya incluso sin saber por qué debía estar en el barco con Eliot había abandonado
a sus tíos, y con más pesar en su corazón, a Julia, su vieja amiga.
Se sintieron los pasos de una única persona en el
pasillo, eran pisadas fuertes. Se detuvieron fuera de la puerta de la
habitación que ahora era del chico, y golpearon tres veces.
- Adelante. – la voz de Oliver era tranquila pero
penosa.
- Oliver. – Era el capitán Eliot.
- ¿Puedes venir un momento?
No hay comentarios:
Publicar un comentario