domingo, 6 de marzo de 2016

Capítulo VI: El primer asalto

Oliver salió a la cubierta del barco y el sol naciente le acarició el rostro. La mayoría de los tripulantes ya habían desayunado, y algunos estaban fumando mientras caminaban, y otros descansaban sobre barriles. Khala aún no salía, y Eliot no salía a escena.

Un hombre de altura desmesurada y de aspecto brutal estaba cercano a la puerta, puliendo una espada que era del porte de Oliver. Otro tripulante sentado en el piso cercano al mastodonte jugaba con un par de dagas. Miraba al chico con una sonrisa macabra al chico, y lo hizo sentir incómodo.

- Olvidaste eso. – dijo Eliot con una sonrisa, estaba parado bajo el umbral de la puerta mirando a Oliver y le lanzó la espada.

El muchacho la recibió y el peso lo hizo perder el equilibrio. El pirata del piso rió, pero ni al capitán ni a la bestia con la gran espada le pareció irrisible y lo miraron con reproche.

- Difícilmente podrás pelear con la claymore si ni siquiera puedes mantenerla en alto para controlarla. – dijo el pirata en tono irónico.

- ¿Claymore?

- La espada que tienes, estúpido. Es una claymore, la espada highlander. – el pirata hacía ademanes de no poder entender la incompetencia del muchacho.
Eliot se acercó al anónimo pirata y con una mano lo puso de pie. Miraba con miedo el capitán.

- Sería bueno que nos hicieras una demostración. – La voz de Eliot sonaba desafiante – Pero con el chico.

Oliver sintió asco en el estómago. No podía creer que el capitán lo entregara como un pastor a su oveja ante una manada de lobos.

- Será un placer capitán.

La sonrisa del pirata era desquiciada, como si hubiera esperado con ansias el reto. Guardo las dagas en su pantalón, y tomó un sable ennegrecido con suciedad que sacó de un barril cerca de la puerta. Se puso frente a Oliver abriendo espacio, los piratas de alrededor algunos sentados y otros de pie, miraron con atención la preparación al enfrentamiento. Algunos apagaron el cigarrillo para no perderse ningún evento, el pirata levantó la espada y lo miró atentamente a los ojos. Oliver también levantó su espada con esfuerzo, preparado para recibir el primer impacto. A su mente evocó por arte de magia el recuerdo de tantos juegos con tío Bruno.

El día era soleado y unas pocas nubes dibujaban el firmamento. Sobre un tronco que cruzaba el río cerca de Campshire, estaba Bruno y Oliver, ambos con ramas en posición en guardia. Varios días fueron los que practicaron esgrima sobre troncos o entre pastizales, jugando a ser caballeros andantes en una incansable travesía para salvar a princesas prisioneras o salvar pueblos enteros. Ahora sólo eran recuerdos gozosos en sus corazones distanciados por el mar.

- El secreto está en la muñeca, Oliver. – Decía Bruno en sus recuerdos – Los ojos fijos en el adversario y tu corazón es uno con la espada.

El pirata de macabra sonrisa golpeó la claymore de Oliver sacando chispas, e hizo que el chico bajará rápidamente de su fantasía. La fuerza del pirata fue contenida por la espada de Oliver, hasta que la retiró para darle un golpe por el costado. El muchacho por cosa de instinto, función arraigada en lo profundo de su cerebro, gira en sí golpeando el sable viejo del pirata cual bate expulsa una pelota fuera del campo. Luego de dar tres vueltas en el aire, el sable cae al piso de la borda ensartándose entre las tablas.

Los testigos miran sorprendidos a Oliver, quien dejó caer la punta de la espada fatigado por el peso de la claymore. El pirata había borrado su sonrisa y estaba petrificado, sus manos aún estaban en posición como si la espada hubiera desaparecido por arte de magia.

- Sabía que tenías el don de tu padre, Oliver. – dijo el capitán sobándose el hombro.

- Impresionante. – El gigantesco pirata estaba mirándolo con las manos apoyadas en la empuñadura.

- Fue sólo suerte de principiante. – el pirata lo miraba con el ceño fruncido, rojo de ira y vergüenza.

- Veamos cómo te va con alguien un poco más experimentado. – dijo el gigante con una sonrisa desafiante, tomando el lugar de Oliver y levantando la inmensa espada.

Los ojos del pirata se abrieron en súplica mientras su boca se abría. El capitán puso su mano en el pecho, se sacó la capa con la mano libre, y desenvainó la espada que tenía en la espalda a lo igual que el muchacho.

- Hagamos algo más interesante, Brawl. - Eliot miró a Oliver y luego al pirata – Ustedes tres, contra mí.

Los tres nuevos aliados se miraron. El gigante sin expresión detectable en su rostro, pero Oliver los miraba sorprendidos mientras el tercero con desagrado. Eliot se situó al medio de un triángulo formado por los otros tres tripulantes. Los tres apuntaron al capitán en silencio, hasta que con un aullido el pirata saltó en contra Eliot.

El capitán levantó su espada y lanzó al pirata por los aires, en ese momento, Brawl se acercaba por las espaldas del capitán, pero cuando se dio vuelta ya era muy tarde.

El mastodonte lanzó su espada directo a la cara de Eliot, y rápidamente su espada cortó el aire para atravesarse en su camino impidiéndole el paso. Oliver invirtió la espada dejando la hoja hacia abajo, y se lanzó por el piso pasando a través de las piernas del par de gigantescos hombres, y cuando se preparaba para dar el salto final, el pirata pisó su espalda para abalanzarse contra el capitán.

Eliot empujó a Brawl, y con la empuñadura le golpeó la cara, dio vuelta la hoja para darle un golpe a Oliver, pero este giró por el piso para impedir el impacto. Brawl aprovechando la baja guardia del capitán volvió a dar un golpe a Eliot, el capitán dio un paso atrás haciendo que el golpe fuera directo al pirata. Oliver se levantó, vio que los tres adultos estaban en lo suyo, y aprovechando la instancia corrió hacia Eliot dejando la punta de su claymore a milímetros del cuello de este.

- Vas mejorando pequeño. – dijo Eliot con una sonrisa.

El pirata lanzó un sablazo que dio un pequeño corte en la mano de Oliver, quien dejó caer la espada. Se escabulló frente a Brawl quedando entre los dos hombres, y se abalanzó contra el capitán.

Eliot subió su espada lanzando el sable al agua, tomó al pirata por la camisa y se lo acercó al rostro.

- Jamás traiciones a tus aliados, imbécil.

El capitán lanzó al hombre por la borda, y después de unos segundos se escuchó el choque del enclenque pirata en el agua.

- ¡Hombre al agua¡ - gritó Khala desde las alturas desatando risas de varios que miraban la pelea.

- Excelente, Oliver. – dijo Brawl con una sonrisa amistosa.

- Gracias. – Oliver le devolvió la sonrisa con la misma energía.

El chico se estaba dando cuenta que la apariencia de Brawl era bastante inconsecuente con la personalidad del mastodonte. A pesar de que se veía amenazador, el hombre era amigable y cortés, inspiraba confianza y parecía ser un buen amigo.

- Vamos a hacer nuestros deberes. Basta ya de juegos.

Luego de dar la orden, Eliot envainó su espada a lo igual que Brawl. Se acercó a Oliver y lo abrazó fuertemente.

- Sabía que no me decepcionarías. Dentro de poco serás un buen peleador, Oliver.

- Gracias, capitán.

Oliver se sentía feliz. A pesar de que siempre pensó que su lugar era la pacífica granja, se estaba dando cuenta que probablemente su lugar si estaba en el barco con aquellos piratas. Quienes estaban bien posicionados le daban el favor, y ya se estaba ganando el respeto de los tripulantes con la demostración de sus habilidades.

El capitán sacó un frasco de su capa, y derramó unas pocas gotas sobre el corte que le habían hecho en la mano. La herida había cicatrizado en segundos, lo cual era sorprendente por que el corte había sido bastante profundo.

- Gracias. – dijo Oliver mirando extrañado la herida que ya no existía.

- Ven conmigo.

El capitán le dio la espalda y el chico lo siguió. Iban a su despacho. Oliver lo siguió, y se aprovechó de secar el sudor de la frente con la manga de su camisa. Cuando pasaron fuera de la habitación de Camille sintieron un fuerte olor dulzón.

- ¿Otra vez jugando con opio, Camille?

- Sólo experimentos, capitán. – gritó el hombre desde la habitación.

- Eso espero. – Eliot dio una pequeña risa.

Cuando entraron en el despacho Eliot le ofreció asiento a Oliver, quien calló rendido y cansado por la pelea. Se acercó a la repisa con armas, donde apretó un botón. Comenzaron a sonar engranajes, como si algo se moviera tras la pared. El espacio donde estaba la repisa se comenzó a levantar, dejando ver un compartimiento secreto con pistolas y espadas. Una de ella llamó mucho la atención de Oliver.

- Una catana de Hoshing. – Dijo Eliot cuando se dio cuenta con la mirada.

La espada era cuadrada y la empuñadura estaba cubierta por una cinta de cuero negro. Tomó una de las espadas que estaban colgadas en el espacio secreto, sumamente delgada y se la acercó a Oliver.

- Esta espada es de Vodace. No es una claymore, es mucho más ligera.

Oliver tomó la espada y la examinó. En realidad era bastante más ligera, pero también mucho más delgada que la que poseía.

- Tus movimientos serán más rápidos y te servirá para entrenar. Podrás usar la claymore en tus entrenamientos. – Oliver agradeció con la cabeza. – Ahora ve a descansar. Los puestos están cubiertos así que podrás dedicarte a lo que estimes pertinentes.

- Quiero seguir aprendiendo sobre los Chii.

- Sabía que te interesaría la historia de Avalon. Puedes buscar algún título que te guste.

Eliot señaló el librero que estaba en su despacho. Oliver de verdad apreciaba la confianza que le tenía el capitán, y se dio cuenta que en realidad era alguien que lo iba a proteger y probablemente podría ser su maestro. Su lealtad estaba establecida.

Luego de una pequeña reverencia, Oliver salió del despacho de Eliot para dirigirse a su habitación. Cuando entró, lo primero que hizo fue guardar la claymore bajo la cama, dejó su espada nueva sobre el escritorio, y se tiró en la cama mirando la gaita sobre su cabeza. La tomó, y la comenzó a inflar.

- No hay melodía más dulce que la de las gaitas, Oliver. – nuevamente la voz de Bruno emergía en sus recuerdos.

Oliver tocaba la gaita una melodía agitada, saltos de música, como llamaba Bruno, quien tocaba el laúd. Julia y Oliver bailaban en saltos con cada compás haciendo una danza amistosa.

Un ruido de cañón, acompañado del vaivén del barco despertó al chico de su fantasía. Se levantó asustado y miró por la ventana. Lo que vio no era agradable.
Tres barcos con banderas de franjas rojas y una amarilla en el centro estaban a metros del barco. Un graznido frenético sonaba afuera de la puerta de su habitación, y cuando abrió, Rowen saltó a su cabeza.

- ¿Que sucede? – Dijo Oliver asustado.

- ¡Al ataque! – se escuchó gritar al capitán.

- Un asalto, Oliver.

Brawl había aparecido corriendo por las escaleras con su pesada espada dirigiéndose a cubierta.

Oliver se devolvió a su habitación y tomó la espada de Vodace. Salió precipitadamente, y apenas salió del pasillo se encontró frente a frente a dos hombres equipados con armaduras y espadas de acero.

- Mala suerte salir con una de nuestras espadas, niño. – dijo uno de los hombres en guarda contra el chico con acento extraño.

Los dos hombres estaban en posición, listos para el ataque. Se abalanzaron a Oliver, pero sin previo aviso Rowen saltó a la cara del de la derecha, el de la izquierda perplejo, miró a su compañero.

- ¡Es un Chii! – dijo el hombre con la mirada libre en un idioma ininteligible, levantando su espada y lanzándose al ataque en contra Oliver.

El muchacho lanzó un golpe con la espada, y ambos con golpes agresivos sacaron chispas en una pelea de igual a igual.

El hombre que estaba con Rowen gritó frenético, Oliver y el hombre de armadura dejaron de combatir para ver qué pasaba y ambos se quedaron inmóviles al ver al hombre sangrando, ya sin ojos en su rostro. Las cuencas vacías lanzaban choros de sangres con arterias al aire, y con sus manos se tapaba la cara.

El hombre que aún veía se volvió a Oliver, y lanzó un golpe con su espada. El chico rápidamente se defendió, pero la fuerza del hombre era mucho mayor. Oliver fue empujado con brutalidad por el hombre, y al momento que caía al piso vio como una bola de cañón revestida en llamas destruía la proa del barco. La fuerza del impacto movió al hombre con armadura y perdió el equilibrio, Oliver se levanta y ve al capitán en el piso con las manos en la cabeza, y su espada en el piso.

De pronto se ve una nube de humo alrededor de Eliot y una figura delgada y pequeña que a Oliver le parecía familiar.

- ¡Ayúdame! – le gritó Camille desde el humo.

Oliver se levantó adolorido, y corrió donde estaba el capitán y Camille. Tomó la espada, y junto a su compañero levantaron a Eliot para llevarlo a su despacho. El hombre gritaba de dolor, sosteniendo todavía su cabeza.

- ¿Qué le sucede? – preguntó Oliver sin entender.

- No es tiempo de explicaciones.

Lo introdujeron en el despacho, lo acostaron en la habitación y Camille salió corriendo a seguir luchando. Oliver miró hacia atrás y vio que sombras se acercaban a la habitación. El muchacho sale corriendo y cierra la puerta, ve cara a cara a dos soldados enemigos que cuando lo encuentran ríen por lo bajo y se acercan despacio.

El muchacho ve, y se da cuenta que la cerradura no estaba cerrada, y pensó en lo vulnerable que estaba el capitán. Sin pensarlo dos veces, inserta la espada por la puerta, y dobla la espada con todo su peso para atascarla. La espada se quiebra, y cuando se da vuelta, se percata que tiene a los dos hombres casi sobre él, listos para matar a su presa.

- ¡Abajo!

Oliver mira por entre los hombres para ver de dónde venía la voz, y se encuentra con Brawl, quien tenía sus dos brazos extendido en dirección a los hombres, estos se dan vuelta, y Oliver siguiendo la orden del mastodonte se tira al piso.

Oliver mira con atención los brazos de Brawl, y ve que tiene tatuajes en ambas extremidades. Estos tatuajes se ponen al rojo vivo, y dos llamaradas gigantes salen de sus manos. Se escucha al capitán gritar dentro de la habitación, pero creía entender lo que le sucedía.

Los hombres también gritaron de dolor, con las armaduras enrojeciéndose lentamente. Oliver gatea a su habitación donde saca su claymore, y cuando sale, ve a Brawl con los dos hombres muertos sobre sus hombros.

Cuando el muchacho sale del pasillo, se percata que los barcos se alejaban, pero varios soldados seguían luchando por su vida en el barco, pero ya eran hombres muertos. Los habían abandonado cobardemente.

Khala y Brawl arrojaban cadáveres por la borda. Tantos enemigos como tripulantes. El silencio se tomaba posesión del barco, y algunos hombres ya tomaban herramientas para repararlo.

- Barco limpio. – Khala parecía exhausta.

Todos se veían cansados. Oliver incluso sentía que no podía más, la adrenalina poco a poco era limpiada de su sangre y el sudor se volvía frío.

- Ignum, ¿Cómo está el capitán? – se oyó decir a Khala.


- Oliver se encargó de asegurar su despacho, Khala. – Respondió Brawl mientras se acercaba al pasillo – Ahora iré a verlo.

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